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Muchas casas e instalaciones comerciales están construidas en madera por preferencia de sus dueños o moradores; si bien son materiales más cálidos y acogedores que el cemento o el acero, al ser orgánicos pueden recibir ataques de seres que buscan su alimento y su hogar en la celulosa. La carcoma es el nombre de las larvas de muchos coleópteros que precisamente perforan la madera (sobre todo en vigas y muebles de todo tipo) la que van filtrando de galerías, haciendo que el aire que entra a la estructura la convierta en un material esponjoso y poco resistente. Pueden vivir en ámbitos de todo el mundo y en todos los climas; su pequeño tamaño los hace casi invisibles a la vista normal; su tamaño varía entre los 1,5 y los 9 mm de largo; su color es pardo o negro, de acuerdo a las especies; su característica es que posee ojos grandes, muy separados uno del otro. Son de corta vida pero todos dejan sus huevos en cualquier mínima grieta de la madera. Su vida está muy ligada con el hombre y ya prácticamente no se encuentra en estado natural, sino como parásitos de lugares humanos. Las larvas perforan no sólo la madera sino también otros elementos como el pan o también el tabaco. Existen dos maneras de combatir la carcoma; una es en la superficie de la madera y otra en su interior; para tratar la capa exterior se utilizan elementos líquidos y fumigables, que se esparcen uniformemente sobre el material; para la zona interior, el trabajo es más complejo y se utilizan elementos de inyección para lanzar los venenos adentro de la estructura.
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